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De la guerra a la diplomacia a los negocios

De la guerra a la diplomacia a los negocios El populismo trumpiano, que se presenta como una revuelta de los estadounidenses comunes contra las élites, oculta el hecho de que una nueva élite ha expulsado del poder a la élite demócrata. Por Alejandro Marcó del Pont | 6/03/2025 Mientras el gobierno estadounidense ha sido tradicionalmente dominado por las élites, Donald Trump ha rodeado su segundo mandato con una nueva cohorte de corporaciones y funcionarios. Aunque una de sus promesas de campaña fue derrocar a las “élites corruptas” que, según él, han inundado la política estadounidense, su administración ha creado una especie de “anti-élites” para luchar contra las élites tradicionales. Sin embargo, lo que está quedando claro es que no hay negociaciones estratégicas genuinas, sino acuerdos entre corporaciones ganadoras y perdedoras que buscan beneficios propios bajo la fachada de arreglos multilaterales. Esta dinámica se hace evidente en las negociaciones por la paz en Ucrania. Recientemente, Estados Unidos y Rusia se reunieron en Arabia Saudita para discutir posibles soluciones al conflicto y reiniciar las relaciones bilaterales. Lo llamativo no fue solo el contenido de las conversaciones, sino la composición de las delegaciones. Por el lado ruso, la delegación incluyó al ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, y al asesor de política exterior Yuri Ushakov. Sin embargo, la figura más intrigante fue Kirill Dmitriev, director ejecutivo del Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF). Graduado de Stanford y Harvard, nacido en Kiev, y con experiencia en Goldman Sachs y McKinsey, Dmitriev representaba los intereses económicos detrás de la diplomacia rusa. Por el lado estadounidense, la delegación estuvo compuesta por el secretario de Estado Marco Rubio, el asesor de seguridad Mike Waltz y Steve Witkoff, un magnate inmobiliario y socio de golf de Trump. Witkoff, fundador de una empresa de desarrollo inmobiliario con propiedades en Manhattan, Los Ángeles y Miami, no es exactamente el perfil típico de un enviado diplomático. Su presencia en la reunión sugiere que los intereses comerciales jugaron un papel central en las negociaciones. Diez días después de la reunión, el Financial Times reveló lo que se conoció como el “plan de Warnig”, una iniciativa de Matthias Warnig, CEO de la empresa matriz de Nord Stream 2, el gasoducto que conecta Rusia con Alemania. Con una capacidad de 27.500 millones de metros cúbicos de gas, el gasoducto nunca ha sido utilizado debido a las sanciones impuestas a Rusia. El plan propone levantar estas sanciones a cambio de compensar a las empresas estadounidenses que perderían su exclusividad en las exportaciones de gas natural licuado a la Unión Europea. Nord Stream 2 AG, la empresa matriz del gasoducto, recibió en enero una suspensión excepcional de los procedimientos de quiebra por cuatro meses. Según documentos judiciales, la nueva administración Trump y las elecciones alemanas podrían tener un impacto significativo en el futuro del gasoducto. Aunque Gazprom es el propietario del 100% del gasoducto, cinco compañías energéticas europeas (Shell, Uniper, OMV, Engie y Wintershall) financiaron la mitad de su construcción. Estas empresas han cancelado sus deudas, pero la propiedad del gasoducto podría dar a los inversores estadounidenses una palanca para controlar los flujos de gas ruso a Europa, un mercado clave para las exportaciones estadounidenses de gas natural licuado. El siglo XX fue la era de la “rebelión de las masas”, pero el siglo XXI, según el antropólogo Arjun Appadurai, se caracteriza por la rebelión de las élites. El éxito del populismo trumpiano, que se presenta como una revuelta de los estadounidenses comunes contra las élites, oculta el hecho de que una nueva élite ha expulsado del poder a la élite demócrata que gobernó durante casi cuatro años. Esta “élite alternativa” busca reemplazar a las élites tradicionales y redefinir el poder en Estados Unidos. El apoyo de la Unión Europea a la guerra en Ucrania es un claro ejemplo de cómo las élites europeas y las corporaciones perdedoras del globalismo, especialmente en el sector bancario y bélico, buscan mantener su influencia. Estas élites, compuestas por empresarios, líderes de la industria, celebridades, académicos y medios de comunicación, han influido en las elecciones y en la política en general. Las élites que apoyan a los demócratas incluyen el sector tecnológico (Silicon Valley), con empresas como Google, Apple, Facebook (Meta) y Amazon, que han mostrado apoyo en temas como la innovación y el cambio climático. Sin embargo, muchas de estas empresas se han “reconvertido” en lo que se ha denominado la “Musk oligarquía”, alineándose con intereses más amplios. Por otro lado, las élites que apoyan a Donald Trump incluyen el sector de combustibles fósiles, con empresas como ExxonMobil y Chevron, que se benefician de las políticas de desregulación ambiental. El sector inmobiliario y de construcción, así como los medios de comunicación conservadores, como Fox News y Breitbart, también han sido aliados clave de Trump. Las élites perdedoras, como BlackRock, la banca Rothschild y Emmanuel Macron, representan a aquellos grupos que no han logrado adaptarse a los cambios políticos y económicos. BlackRock, por ejemplo, ha visto disminuir su influencia en algunos sectores, mientras que Macron y las élites tecnocráticas de la Unión Europea enfrentan críticas por su desconexión con los ciudadanos. El complejo industrial militar sigue siendo un actor clave en conflictos como la guerra en Ucrania, donde empresas occidentales proveen armas y tecnología a las fuerzas ucranianas. Empresas como Lockheed Martin, Raytheon Technologies y Northrop Grumman dominan el mercado estadounidense, mientras que, en Europa, Airbus, BAE Systems, Leonardo y Rheinmetall son líderes en la producción de sistemas de defensa. Bruselas ya ha destinado 842.000 millones de euros para fortalecer a Europa, de los cuales aproximadamente el 70% (584.000 millones) irá a la industria bélica estadounidense. Este acuerdo no es un desaire a Europa, sino una complicidad para generar deuda y financiar el negocio de la guerra. La silla que Europa ha perdido en esta discusión es la de los negocios de las élites, que ahora incluyen a Rusia y, probablemente, también a China.

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